Monday 13 december 1 13 /12 /Dic 22:05

Lunes en la mañana. Como todos los días, Omar Tapia llegaba a las ocho en punto al local de “El irreverente”, semanario fundado por él un año atrás y que gozaba de cierta preferencia del público limeño porque en él se publicaban las preguntas y/o comentarios que algunos lectores hacían sobre los temas tratados en la semana, acompañados de sus respectivas respuestas. Pero, en muchas ocasiones, estas últimas también eran replicadas (en especial cuando era Omar el que respondía) y se originaban debates que podían durar hasta casi dos meses.

Al ingresar, vio que todo el personal se encontraba en sus escritorios, atentos en cada palabra que escribían, ya que Omar era muy estricto en cuanto al estilo y la ortografía. Cada uno tenía a su lado un ejemplar del diccionario publicado por la RAE, que él les había regalado en la última navidad.

- Buenos días, muchachos ¿Qué novedades tienen? -

- Buenos días, Omar - le respondió Luis Matute, el redactor de las noticias de arte y de espectáculos - Estoy terminando de transcribir la entrevista que le hice anteayer a Mónica Prado -

- ¿La tatarabuela de las bailarinas? -

- Sí. El domingo cumple cuarenta años de vida artística -

- Ah, vaya. No sabía que se había iniciado en el mundo del espectáculo a muy avanzada edad -

- Lo mismo pensé yo. Pero lo mejor de todo es que logré encontrar una foto de ella cuando era joven -

- ¿Y dónde la encontraste? ¿En una cueva de Lauricocha? -

- No puedo decirte quién me lo dio. Pero mírala. De joven fue muy hermosa - y le entregó la foto.

- Wow. Sí que fue bastante atractiva…. ahora ya sabemos quién fue la que dejó erectus al Pithecantropus - y le devolvió la foto.

- Buenos días, Omar. Ha llegado esto para ti - le saludó Juan Zamudio, el redactor de las noticias policiales, y le entregó un grupo de cartas. Omar las recibió y fue dándoles un vistazo una por una.

- Vaya. Una carta de la Sociedad Protectora de las Mujeres… digo, del Ministerio de la Mujer ¿Qué querrán ahora? -

- No creo que hacerte un homenaje - le respondió Aldo Uchuya, el redactor de ciencia, tecnología, salud y esoterismo.

- Creo que mejor me siento. Es peligroso leer de pie lo que escriben estas niñas -

Omar tomó asiento y dejó su bastón a un lado. Todos dejaron de escribir y pusieron atención a los gestos que su jefe hacía al leer la carta.

- Dicen que se me va abrir una demanda por discriminación laboral hacia las mujeres y por algunos comentarios sexistas que he hecho -

- ¿Discriminación laboral? Pero si aquí no trabaja ninguna mujer - dijo Eduardo Tacanga, redactor de las noticias internacionales y de economía.

- Justamente por eso. Dicen que yo no contrato mujeres por mi clara posición machista. Imagino que se refieren a todas esas lindas niñas a las que les dije que el restaurante quedaba en la otra cuadra la vez en que vinieron a solicitar el empleo de redactor -

- ¿Y qué piensas hacer ahora? le preguntó Luis.

- No lo sé. Tal vez no haga nada… o tal vez tenga que despedir a uno de ustedes para contratar a una chica… o inventar un puesto que sea ocupado por una de ellas -

- Las mujeres no son buenas comentaristas deportivas - dijo César.

- Tampoco de temas policiales ni locales… pero sí de espectáculos - agregó Juan.

- Que buena idea - le respondió Luis - Te despedimos a ti, yo tomo la sección de policiales y la chica nueva la de espectáculos -

- No necesariamente tiene que ser un puesto en la redacción - opinó Eduardo.

- En eso tienes razón, Eduardo - le respondió Omar - Podríamos inventarle el puesto de “directora encargada del café”… hay noches que nos quedamos hasta tarde escribiendo. O “supervisora de los galletitas”, ya que a veces también nos da hambre -

- ¿Por qué mejor no llamarla… secretaria? -

- Porque directora o supervisora suena más importante. Pero tranquilos, muchachos. Voy a mi oficina a pensar bien en este asunto. No se preocupen -

Omar se dirigió a su oficina y los demás regresaron a sus escritorios.

- ¿Ustedes creen que Omar contrate a una chica? - preguntó Juan.

- Esperemos que sí - le respondió Luis - Ya me cansé de estar rotando la labor de contestar el teléfono cuando él no está -

- ¿Pero saben? - dijo César - Yo creo que esta llamada de atención ha sido más por las cosas que Omar ha dicho anteriormente sobre algunas mujeres -

- Yo también pienso lo mismo - agregó Aldo - Creo que debimos de haber hecho algo para evitar que Omar publicara algunas cosas que eran demasiado fuertes -

- ¿Y tú crees que nos hubiera hecho caso? Cuando a Omar se le mete una idea en la cabeza, nadie se la puede sacar, a menos que esté equivocado… y eso sucede muy pocas veces -

- No es que le pidamos que cambie de parecer, solamente que no sea tan duro en la forma de decirlo ¿Se acuerdan lo que escribió sobre Débora de la Puente cuando publicó su novela? -

- Claro - respondió Luis - Le dijo, entre otras cosas, que era una escritora de cuarta, una poetisa de quinta y que las hojas de ese libro no las utilizaría ni para envolver pescado. Pero sinceramente, esa novela era bien mala -

- Yo también pienso lo mismo, pero hay formas de decirlo ¿Y sobre la entrevista que le hicieron a la economista Alice Chamorro? -

- Dijo que con esa entrevista su nombre había quebrado en la bolsa de valores de la inteligencia - contestó Eduardo - Lo cual no estaba del todo equivocado porque las proyecciones económicas de esa chica eran muy erradas -

- Pero yo creo que lo peor de todo fue la entrevista que le hicieron a Omar hace dos semanas - dijo Juan.

- Cierto - agregó Luis - La chica que lo entrevistó estaba tan molesta que me sorprende que no le metiera la grabadora en la boca -

- Cuando le preguntó ¿Por qué es usted tan machista? Él le respondió: “Yo no soy machista. Si lo fuera, entonces pondría a las mujeres en el cuarto lugar de la lista evolutiva; pero creo que tienen muy bien ganado su tercer puesto: antes de los delfines y después de los monos” -

- Yo creo que Omar respondió eso más como una provocación - comentó Eduardo - Tal vez ni siquiera él sabe por qué es tan machista -

En ese momento sonó el intercomunicador y todos se quedaron mirando.

- Yo abrí la última vez - dijo César y siguió escribiendo.

- Zamudio, te toca a ti - dijo Luis y los demás asintieron.

- De verdad necesitamos una secretaria - murmuró Juan y levantó el auricular - “El irreverente”, buenos días -

- Buenos días, señorita - le respondió una voz masculina - ¿Me comunica con su jefe, por favor? -

- Payaso - contestó Zamudio y apretó el botón que abría la puerta.

- ¿Cómo están, muchachos? - Les saludó Jorge Ramírez, amigo y excompañero de Omar en el periódico “El observador”, el diario más antiguo de Lima - ¿Está Omar en su oficina? -

- Sí - le contestó Eduardo - Está leyendo su correspondencia -

Jorge tocó a la puerta y Omar lo invitó a entrar.

- ¿Qué tal, tío? - le preguntó Jorge - ¿Cómo estás? -

- Aquí, viendo qué cartas merecen ser contestadas ¿Y tú, qué cuentas? -

- Ahí. La semana pasada hubo como una especie de terapia grupal en el trabajo -

- Qué interesante. “El observador” siempre preocupado por el bienestar y la armonía entre sus trabajadores -

- ¿Armonía? En esa terapia hubo de todo menos armonía. El sicólogo que nos tocó nos dijo que un centro laboral debe ser un lugar equilibrado, en donde todos los trabajadores podamos expresarnos libre y sinceramente con nuestros compañeros de trabajo, para que la comunicación fuera más fluida, y para ello debíamos de conocernos mejor entre nosotros. En ese momento le pidió a Miguel que imitara el comportamiento de alguno de nosotros, pero sin decir el nombre. Miguel lo hizo y todos nos dimos cuenta de que había elegido imitar a David, lo cual causó tanta risa que David se puso rojo de cólera -

- ¿Rojo o anaranjado? Porque David es chino… y sabes que rojo y amarillo… -

- Lo que sea. La cosa es que al tocarle el turno a David, él hizo una parodia de Miguel, pero mencionando cosas que habían sucedido fuera del trabajo y que implicaban a terceros, los cuales también estaban presentes… y para cuando me di cuenta, la gente estaba hablando de cosas que habían sucedido hace años con personas que ya ni laboraban ahí -

- ¿Me mencionaron? -

- No estoy seguro… por ahí escuché que una chica dijo “maldito machista”, pero no sé si se refería a ti. Pero como te decía, las personas estaban que se atacaban a diestra y siniestra. Con decirte que hasta Manuel, mi amigo de la infancia, me dijo que era un mal amigo porque recordó algo que le hice ¡en el colegio! Y que ni siquiera fue mi intención hacerlo -

- ¿Y dónde estaba el sicólogo? ¿Sentado en un trono, comiendo uvas? -

- Así es tío. Me sentía como en el circo romano. Sólo faltaba que me dieran una red y un tridente -

- ¿Y al final cómo terminó todo? -

- La gente salió más molesta que cuando entró y varios ya ni se hablaban. Pero todo se solucionó el fin de semana; fuimos a un pub y, entre cerveza y cerveza, todos nos fuimos amistando -

- No me digas que algunos se pusieron a llorar diciendo “tú eres como mi hermano” -

- Te mentiría si te dijera que no -

- Qué triste en verdad. Una botella de cerveza le ganó a varios años de universidad. Aunque, sinceramente, yo no creo mucho en les sicólogues -

- Yo tampoco. Pero fue obligatorio ir a esa terapia -

- Interesante. Pero no creo que hayas venido sólo para contarme eso -

- Vine porque tengo una noticia interesante que tal vez te interesaría cubrir -

- ¿Cuál? -

- Es mejor que lo veas por ti mismo. Se encuentra en el hospital general -

- ¿Se trata de alguna persona en especial? -

- Se podría decir que sí. Pero es mejor que vayamos ahora. Paulo Morán también va a cubrir esa noticia -

- De acuerdo. Sólo déjame guardar algunas cosas -

- Está bien. Ah, y dime ¿Es cierto que tuviste una discusión con Edwin López? -

- Sí. Discutimos por el empaste de unos libros -

En la sala de redacción, Luis se acercó al escritorio de Eduardo a pedirle ayuda.

- Eduardo ¿Puedes darme una mano? No sé qué frase poner para esta semana -

- Tienes suerte - le respondió sacando un libro de su cajón - Justo ayer me compré este libro de frases célebres. Veamos… aquí hay una muy buena escrita por Shakespeare: “Es mejor ser rey de tu silencio que esclavo de tus palabras” -

En ese momento Omar y Jorge salieron de la oficina.

- Entonces ahí fue cuando le dije: Mira Edwin, si crees que están utilizando mucha goma, entonces que lo peguen con babas, pero tendrás que venir seguido a darles la materia prima, porque veo que tú la fabricas a montones - dijo Omar y, luego de comunicar que ya regresaba, salió con Jorge.

- Aunque hay algunos que creen que el silencio es Luis XVI - dijo Eduardo.

Jorge y Omar subieron a un taxi y se quedaron en silencio por unos segundos.

- He notado que tu imagen se ha visto un poco mellada por las cosas que has escrito sobre las corridas de toros - dijo Jorge

- Lo sé. Muchas personas me han criticado por las respuestas que le envié al presidente de la Asociación Taurina del Perú -

- Omar, más te dedicaste a insultarlo que a mostrar argumentos en contra de las corridas de toros. Hasta yo me he sorprendido -

- Los argumentos los expuse en la primera respuesta que publiqué. Lamentablemente se le unieron a él los impresentables de Víctor Mallma y Martín Rosasco y las idioteces que empezaron a escribir en sus periodicuchos me hicieron ver que iba a perder mi tiempo en dar argumentos inteligentes a gente que sólo tiene aserrín en el cerebro -

- ¿Y por eso recurriste al insulto? Omar, te hicieron pisar el palito. Esos dos tipos no están ni a favor ni en contra de las corridas de toros… están en contra tuya, y lo que tú digas ellos lo van a contradecir. Te apuesto que si tú apoyabas las corridas de toros ellos te iban a dar la contra. Pero cometiste un error al insultar al señor Gonzales -

- No creo haberle dicho algo que no haya escuchado antes -

- Lo llamaste “idiota número uno” -

- Es cierto. Ese número es exclusivo de Paulo Morán -

- También escribiste que la cola del toro muerto de seguro la utilizaba para satisfacer algún tipo de perversión sexual. Omar, ese señor tiene más de setenta años -

- Puede argumentar demencia senil -

- Pero lo que no entiendo es por qué contestaste las columnas de Víctor y de Martín. Te hubieras ahorrado un problema si no lo hubieras hecho -

- ¿Y quedarme callado frente a las idioteces que esos dos tipos escribían? ¡Jamás! Me convertiría en otro Paulo si sólo contestara a la gente que me apoya -

- Pero a veces es mejor quedarse en silencio -

- El silencio sólo dignifica a los idiotas que no tienen nada bueno qué decir. Ellos son los que no debieron haber escrito nada -

- ¿Pero ya ves? Por contestarles al final te terminaron ganando. Quieras o no eres un líder de opinión y todo lo que escribes es leído con interés por muchas personas. Tal vez lo que algunos esperábamos de ti era leer respuestas alturadas, sazonadas con la ironía con la que nos tienes tan acostumbrados. Pero en vez de eso te hemos visto bajar hasta lo más lumpen de las letras solamente porque no pudiste controlar la situación. Eso era lo que buscaban esos tipos y lo lograron -

- No puedo ser tolerante ni con intolerantes ni con los crueles. Convertir en espectáculo la agonía de un ser vivo es algo que no puedo soportar. Te apuesto que todos esos tipos que defienden las corridas de toros se rasgarían las vestiduras si eso le pasara a una persona: ser torturado por un largo tiempo, verlo cómo se desangra y finalmente matarlo, quitándole las orejas para poder guardarlas como trofeos ¿Te puedes imaginar eso? -

(Luego de unos segundos de permanecer en silencio) - A donde vamos no va a ser necesario imaginarlo - lo dijo casi como un murmullo.

- ¿Cómo dices? -

- Sólo te pido que te moderes un poco. Eres un buen periodista, pero a veces te dejas llevar por tus emociones -

- Que extraño. “Loca número dos” decía que yo carecía de ellas -

- Y tal vez por eso no le fue difícil irse de aquí -

- Tal vez -

Durante el resto del camino hacia el hospital general se quedaron en silencio. Al llegar, Jorge bajó primero y le canceló al taxista. Luego salió Omar.

- Señor - le dijo el taxista a Omar - Yo lo apoyo. La crueldad hacia los animales es algo que no debemos permitir nunca. Siga dándoles con palo -

- Gracias -

Jorge y Omar entraron al hospital y un policía se acercó a ellos.

- Hola Jorge ¿Quién es él? -

- Hola Orlando. Te presento a Omar Tapia, un colega mío -

- Ah. Tú eres el famoso Omar Tapia. Un gusto conocerte -

- Igualmente -

- Dime, Orlando ¿Puedo ir a ver al señor de Yurimaguas con Omar? -

- Claro. Hace poco acaba de irse Paulo Morán -

- Ah, era eso - dijo Omar oliendo el ambiente - Yo pensaba que estábamos cerca de la morgue del hospital -

Los tres subieron por el ascensor hasta el tercer piso y luego caminaron por un largo pasillo, hasta detenerse en la habitación 36. Ingresaron a ella y Omar vio a un hombre sentado sobre una cama. Varias vendas cubrían sus manos, al igual que una parte de su cabeza. Al lado de él se encontraban un doctor y una enfermera.

- Buenos días, buenos días ¿Quién es este señor? - preguntó Omar.

- No lo sabemos - le contestó el policía - Unos pobladores lo encontraron cerca del río Huallaga, en Yurimaguas -

- ¿En Yurimaguas? ¿Y por qué está aquí? -

- Porque por su estado de salud puede recibir una mejor atención médica aquí que la que le podían dar en Yurimaguas -

- A este señor lo han tratado muy mal - dijo el doctor - Le han cortado la lengua, las orejas y las manos, le han quitado los ojos y con un tipo de ácido le han quemado las fosas nasales y los tímpanos. No puede hablar, ni oír, ni mirar, ni tocar y posiblemente tenga dificultades para percibir olores -

- Le han quitado los cinco sentidos - dijo Omar, sorprendido.

- Es por eso que es difícil averiguar quién es - dijo Jorge - No se le puede preguntar nada, tampoco puede responder a nuestras preguntas y sin manos no hay huellas digitales que ayuden a identificarlo -

- ¿Cuándo lo encontraron? -

- El viernes pasado - le contestó Orlando - La gente de Yurimaguas tiene miedo de hablar porque cree que todo esto es obra de “el tunche” -

- ¿Cuando me dice “el tunche” nos estamos refiriendo al ser mitológico que todos sabemos que no existe o es el apodo de algún tipo de delincuente, como un narco o un terrorista? -

- ¿Tú crees que esto sea obra de algún narcotraficante? - le preguntó Jorge.

- Estoy casi seguro de eso. Esos tipos son tan sanguinarios que no me sorprende que uno de ellos le haya hecho esto a este pobre hombre -

Omar se acercó más al desconocido.

- ¿Le han encontrado algún tipo de marca, tatuaje, lunar o lo que sea que lo pueda identificar? -

- Sí - contestó el doctor- En el hombro derecho tiene el tatuaje de un ave comiendo una culebra -

- En la selva hay aves que comen serpientes - dijo Orlando.

- Quiero ver ese tatuaje - dijo Omar y tomó del hombro al desconocido, el cual se empezó a desesperar.

- No lo toque - dijo la enfermera - Se inquieta cuando muchas persona se le acercan -

- Está bien, está bien. Ya no voy a tocarlo -

La enfermera comenzó a tranquilizar al desconocido y Omar le dio un último vistazo al rostro de él.

- ¿Quiénes más saben de esto? -

- Pocos - contestó Jorge - El Ministro del Interior había pedido que esto se mantenga lo más secreto posible, para no entorpecer las investigaciones. Pero por alguna razón Paulo llegó a saberlo y Orlando me lo comentó a mí… y ahora lo sabes tú también. Pero creo que Paulo va a ir a Yurimaguas a buscar más información -

- No sé si deba enviar también a Zamudio a Yurimaguas. Tantas chicas con ropas ligeras lo pueden loquear y ahí sí la gente va a creer que “el tunche” de verdad existe -

- Jorge, no olvides que no deben de decir que yo les pasé la voz sobre esto - le dijo Orlando con cierta preocupación.

- No te preocupes. Omar y yo nunca ponemos en riesgo a nuestras fuentes -

Omar y Jorge se despidieron del doctor y de la enfermera y salieron del hospital junto con Orlando.

- Si averiguo algo nuevo te lo estaré comunicando. Ahora ya me tengo que ir - le dijo Orlando a Jorge.

- Está bien, Orlando. Gracias por el dato -

Orlando se despidió de ambos y cruzó la pista.

- ¿De verdad piensas enviar a Zamudio a Yurimaguas? Yo pensé que tú querrías ir -

- Primero quiero enviarlo a él. Vamos a ver qué más puede averiguar -

- Creo que debimos haber venido con él -

- No lo creo. Va a ir a Yurimaguas sabiendo tanto de este señor como nosotros sabemos ahora. Sólo espero que no regrese sabiendo lo mismo -

Cerca a ellos pasó una señora apurada, que llevaba de la mano a una niña de unos cinco años, que a duras penas podía seguirle el paso. La niña, de casualidad, pisa un pequeño charco y se ensucia los zapatos.

- ¡Mira lo que has hecho! - exclama muy molesta la señora y se detiene a un lado de Omar y Jorge - ¿Dónde tienes los ojos? - y le empieza a limpiar los zapatos de muy mala gana - Nada te debería de comprar porque todo lo malogras. Para la próxima mejor te voy a dejar encerrada en la casa -

- Los comerciantes tienen la suerte que aún se le llame el día de la madre, porque si fuera el día de la buena madre el negocio se les va al diablo - dijo Omar y la señora lo quedó mirando, molesta.

- Cállate, Omar - le dijo Jorge en voz baja.

La señora terminó de limpiarle los zapatos a la niña y se alejó murmurando.

- No pierdes la ocasión para molestar a las personas ¿No? -

- Descuida. Desde que uso este bastón tengo cierta… inmunidad -

- ¿Para dónde vas a ir ahora? -

- Creo que voy a regresar al trabajo. Tengo que revisar la correspondencia -

- ¿Me acompañas un rato al observador? -

- Claro, vamos. Pero… ¿Es cierto que hay pegado un cartel con mi foto, en la que se prohíbe mi ingreso? -

- No, viejo… ya lo sacaron -

- Que bueno. Pero aún así, siempre vengo preparado – y se colocó un bigote postizo que sacó de su bolsillo – La nariz falsa la dejé olvidada en el otro pantalón -

El local del observador no quedaba muy lejos del hospital y decidieron ir caminando. Al llegar, uno de los vigilantes le dijo a Omar que no podía ingresar si es que no se quitaba el bigote falso.

Por Omar Tapia
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Saturday 1 august 6 01 /08 /Ago 19:58
Cuando lo conocí, Paulo Morán era todavía un chupóptero en estado larvario, lo cual me permitió observar desde un inicio el desarrollo de estos parásitos laborales. Pude ver que en sus primeros meses estos animalitos carecen de patas, por lo que deben de arrastrarse cada vez que se dirigen hacia sus jefes. Se alimentan exclusivamente de medias, pero no las digieren, solamente las chupan, lo cual lo hacen con gran placer. Pero una característica importante en esta etapa inicial de su vida es que cuentan con un curioso mimetismo, pues frente a las personas se muestran como si fueran hormigas trabajadoras; sólo el ojo experto de quien verdaderamente trabaja puede descubrir el engaño. La segunda etapa de su desarrollo se da cuando sus rastreros esfuerzos se ven recompensados con un aumento de sueldo y la aparición de un par de seudo patitas, las cuales le son de gran utilidad cada vez que tienen que huir de los problemas que supuestamente deben de solucionar. En la tercera y última etapa experimentan un cambio de piel, pues empiezan a vestirse con ternos carísimos y a usar zapatos importados, ya que esta indumentaria los camufla y los hace ver algo respetables ante la sociedad. Sus hábitos alimenticios también varían y comen en lugares costosos, a veces acompañado de otros chupópteros y otras veces en el grupo de las hormigas, que ven a estos insectos arribistas como una especia graciosa.
Por Omar Tapia
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Tuesday 14 july 2 14 /07 /Jul 03:26
Yo sí respeto el espacio de las mujeres... por eso no entro a la cocina.
Por Omar Tapia
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Thursday 18 june 4 18 /06 /Jun 05:12
Es mejor no agradarle a nadie por decir lo que pienso que ser el amigo de todes por no pensar.
Por Omar Tapia
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Thursday 18 june 4 18 /06 /Jun 05:11
Los errores son deudas que tarde o temprano debemos de pagar.
Por Omar Tapia
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